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A R Q U I T E C T U R A


  Video de la Arquitectura de la Basilica

Imponente monumento religioso, construido para venerar la imagen de la virgen de la Expectación, que el año de 1542 fue obsequiada por el fraile misionero Antonio de Segovia a los pobladores indígenas de Zapopan, recién conversos al cristianismo.

La pequeña imagen hecha de caña de maíz y elaborada por nativos de Michoacán, tuvo primero dos capillas endebles, hasta que en 1730 se terminó la actual basílica con material de cantera, agregándosele después las portadas del atrio en 1837, las elevadas torres y el remate de la portada en 1892.

Las tres portadas atriales ostentan columnas de orden jónico y escudos en relieve, coronadas con grandes macetones al centro y pares de ánforas a los lados. En el atrio lucen dos esculturas en bronce, una de Fray Antonio de Segovia y la otra del Papa Juan Pablo II, quien visitó este sitio en 1979.

La fachada de la basílica es graciosa y esbelta, flanqueada por los sobrios y largos muros del convento, con sus arcadas de medio punto en la planta baja y ventanas rectangulares en la alta.

La portada es de estilo plateresco y consta de tres cuerpos y remate; el primero con arco de medio punto moldurado y a los lados, pares de columnas corintias con un tercio de fuste adornado de follajes en relieve, adornos que también aparecen en el frente del arco y las enjutas.

En el segundo cuerpo, ventana coral con marco donde se denota la influencia mudéjar por los arabescos que lleva grabados; a los lados de la ventana, nichos con esculturas de San José y San Francisco, flanqueadas por columnas compuestas, cuyo fuste lleva en un tercio figuras de rombos y en el resto estrías onduladas.

El tercer cuerpo luce una elegante hornacina con la escultura de San Pedro, entre columnas muy adornadas con relieves de follajes; a los lados tiene cuatro perillas medio incrustadas en el muro. Como remate de la portada aparece el escudo franciscano y un reloj con adornos que descansan sobre las cabezas de dos ángeles colosales.

Las airosas torres, de tres cuerpos, nos muestran una rica decoración con relieves de follajes y de querubines; pilastras estriadas y jarrones; como remate, cúpulas de gajos y linternillas, que en su conjunto semejan las velas hinchadas de un gran navío.

El interior del templo tiene planta de cruz latina y nos muestra elegantes columnas dóricas de media caña, con influencia gótica por su gran elevación, que supera las proporciones clásicas. También tienen influencia gótica los arcos torales peraltados y las nervaduras más visibles de los cruceros y la capilla mayor.

El altar principal es de orden corintio, hecho con mármol de Carrara, igual que las gradas, la base del templete y éste, donde se encuentra la imagen de la Virgen, con columnas pareadas, entablamento, bóveda y figuras de ángeles; los adornos en bronce de este altar fueron traídos de Génova. Los altares laterales sobresalen por su acabado y magnífico diseño, dedicados a la Virgen de Guadalupe y a la del Refugio, donde luce un lienzo del pintor Miguel Cabrera.

La capilla de la Sagrada Familia está ubicada al sur, con esculturas de Acuña, artista queretano de principios del siglo XIX; la sala de profundis, situada al lado izquierdo del presbiterio, contiene una galería pictórica de benefactores del Santuario; la sacristía tiene dos bóvedas vahídas y un arco con vistosas y caprichosas archivoltas; una cornisa muy original, muebles bien tallados y una portada de cantera de estilo plateresco, escultura de San Miguel, de origen guatemalteco y escultura antigua de caña de maíz, del señor del Sacromonte, respectivamente.

El convento anexo a la basílica posee valiosos tesoros artísticos que no están a la vista del público; pero con un permiso especial de los frailes que la custodian, es posible ver algunas pinturas y la construcción del interior.